Moroloco: reseña y respeto

Moroloco: reseña y respeto

Ya sabéis que soy del Campo de Gibraltar. Una zona tan especial que las mismas características que le hacen brillar, también le brindan los titulares más vergonzosos. Por eso, no en pocas ocasiones toca tragar con los ríos de tinta que surgen de ese narcotráfico que nos eclipsa. Y con Moroloco, el cuarto libro de Luis Esteban, tengo sentimientos encontrados: por un lado, no me gusta la imagen que ofrece a los lectores de mi tierra. Pero, por otro, me infunde un profundo respeto su labor y la del gremio al que pertenece en la lucha contra ese peso que llevamos a cuestas los de aquí. Así que por eso, en esta entrada del blog de Araceli, quiero hacer una breve reseña del libro, y también contar una batallita y unas cuantas impresiones.

Mi (única) experiencia en la tele

Hace algún tiempo cogí el micrófono de una televisión. No es un medio en el que me sienta cómoda: nunca me ha gustado y ya sabéis, queridos lectores del blog de Araceli, que el pánico escénico es mi talón de Aquiles. Pero soy autónoma, y a veces llegan de pronto estas oportunidades para ponerse a prueba. Tampoco era una gran hazaña. Solo tenía que ir con un cámara a la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía en Algeciras y preguntar al comisario por un suceso lamentable y triste, de esos que nos eclipsan en el Campo de Gibraltar y que suelen atraer la atención de los medios nacionales.

A las 12:00 había que estar allí. No había mucho tiempo para pensar, ni tampoco para leer o informarse sobre el tema. En Madrid ya habían quedado con el comisario. Yo prácticamente solo tenía que ir a poner el micro. Era ese momento o nunca, y dije que sí. Total… Además, me apetecía conocer a Luis Esteban, el policía ganador de Pasapalabra, quien durante su estancia en Algeciras había gozado de muy buena imagen en la lucha contra el narco por los logros del equipo y porque, según me contaron, era alguien que no dudaba en participar en los operativos como uno más. 

Así que fui. Y todo fue como se esperaba. Mi compi el cámara grabó mientras yo trasladaba las preguntas al comisario y este respondía con el discurso que llevaba dando varias horas a todas las teles, radios y medios en general que se lo pedían: detenido(s) puesto(s) a disposición judicial, no hay lugar para la alarma, seguimos trabajando, etc. El informativo y el programa de la tarde tuvieron el material que necesitaban. E igual pude haber preguntado yo que cualquiera que pasara por allí.

De aquello me quedé con una cosa. Bueno, con tres.

La primera, con haber experimentado empatía con esos periodistas que vemos en la tele que quizá no tienen tiempo ni de prepararse el tema que les toca ese día. Y de todo no se puede saber… Yo lo hice por vivir la experiencia, pero imagino a otros compañeros autónomos esperando la llamada de la productora para abordar el tema que toque. Los más típicos aquí, y susceptibles de convertirse en serpiente del verano, no son nada fáciles: Bréxit, nacotráfico o las algas que han proliferado en el Estrecho, vete a saber.

La segunda cosa que me llamó la atención del día fue descubrir que, micro y cámara mediante, la gente te dice lo que cree que quieres oír. Ese mismo día, al salir de la Comisaría de Algeciras, la tele pidió que, para acompañar la información sobre aquel suceso lamentable y triste en el que falleció un niño, buscáramos testimonios de vecinos para que nos hablaran sobre inseguridad ciudadana relacionada con el narcotráfico. Ay, ay.

Señora, por favor, que yo soy de aquí

A ver, es verdad que el tema estaba a flor de piel y en todos los medios nacionales. Y soy totalmente consciente de que aquí existe un gran problema de difícil solución derivado de un negocio ilegal y muy rentable cuyo centro de producción está aquí al lado. Pero creo que no es la primera vez que grito en este blog que de ahí a que no se pueda salir a la calle al caer la tarde hay un trecho enorme. Por eso, cuando alguien me contestó eso con cámara y micro de la tele nacional por delante, no pudo salirme otra cosa que un “Señora, por favor, que yo soy de aquí”. Los testimonios creo que no sirvieron. Quizá debió venir alguien de fuera a preguntar.

Y, ¿cuál es la tercera cosa con la que me quedé? Pues con la pesadumbre de haber contribuido ese día a que en el resto de España se hablara mal del Campo de Gibraltar. Ya he contado por qué lo hice. Quizá pequé de no haber sabido decir que no a un trabajo. Supe que no estoy hecha para esos temas, que no niego que existan y que se deban contar para que se pongan medios. Pero de aquella forma, y en medio de la rebujina de un triste suceso del que se buscan más y más minutos para ahondar en nuestro estigma con minutos de televisión, no.

Moroloco

Moroloco: reseña y respeto

El último libro de Luis Esteban, aquella persona a la que pregunté aquel día en mi primera y -quizá- única experiencia en televisión, llegó a mis manos poco antes del confinamiento, dando una vuelta en el local de Bahía de Letras de Los Barrios. Es verdad que el tema me cansa, y me imaginaba que iba a poner la imagen del Campo de Gibraltar a una altura más bien bajita. Pero lo compré porque me atrajo la idea de leer del puño y letra de un policía que ha trabajado aquí cómo son los procedimientos para dar caza a los malos y, sobre todo, como lo vive y lo sufre. 

Y por eso me gustó el libro. Es ficción, pero fácilmente se ve la correspondencia entre los personajes y los que puedes encontrar en los titulares de la prensa local, y también en el contexto en el que se desarrolla la historia. Reconozco que me costó acostumbrarme a un “Campo de Gibraltar” sin artículo que repetían sin cesar todos los personajes. Y también a los capítulos en los que Moroloco narra en primera persona. Porque choca que alguien que dudosamente se sacó la educación más básica narre como si tuviera muchos más títulos e inquietudes culturales.

Reconozco que una vez conseguí abstraerme y tragar con las duras afirmaciones sobre la zona vinculadas a ese turbio negocio, me enganchó. Solo espero que quienes también lean Moroloco lejos de las fronteras de esta comarca no crean que el Campo de Gibraltar es el Bronx.

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